Cultivar la Gratitud: Jardinería en Macetas para comenzar el año con el Corazón Abierto

Cultivar la Gratitud: Jardinería en Macetas para comenzar el año con el Corazón Abierto • Plantas para la Vida • Hero • Fin de taller

Cada comienzo de año nos invita a mirar hacia delante. Y este año, más que proponernos hacer más, me gustaría invitarte a sentir y conectar más: con tus plantas y, a través de ellas, contigo. Solo desde este lugar profundo y sereno seremos capaces de apreciar toda la belleza de las plantas que viven con nosotros. 

Silenciosas, pero a la vez tan llenas de vida, nos regalan su compañía. Y se convierten en grandes maestras para recordarnos la alegría de estar vivos. Todo esto me inspira un profundo sentimiento de gratitud. Un valor que, para mí, va de la mano del amor y da sentido a mi forma de habitar este bonito mundo, vivo y lleno de naturaleza.

Desde hace años, acompañada por mis plantas en maceta y por lo que me ha transmitido mi madre, he descubierto que la gratitud no es simplemente una idea bonita o muy happy flower. Es una práctica cotidiana que, al igual que un jardín, debe cultivarse con atención, constancia y pequeños gestos de cuidado en nuestro día a día. 

Por este motivo, cada 11 de enero se celebra el Día internacional del agradecimiento. Una celebración para difundir el valor de ser agradecidos con los demás, y yo añadiría también, con todo lo que habita en este mundo: animales, árboles, plantas, ríos, y miles más.

Este artículo nace de un deseo personal muy claro para 2026: más conciencia colectiva de lo afortunados que somos de vivir en este mundo, y más actos de gratitud y amabilidad expresada

¿Verdad que sería un mundo más bonito?


Así que, si te apetece empezar el año al estilo HappyVerde —presente, con una sonrisa y agradecida por la vida—, ¡te invito a seguir leyendo y a dejarte acompañar por la gratitud hacia la naturaleza en general y nuestras plantas más cercanas!

Indice de contenidos de este artículo

Enero como Umbral: Sembrar Gratitud y Compasión al Comenzar el Año

Es frecuente asociar enero a un tiempo de comienzo y transición. En este momento del calendario, cuando la naturaleza se recoge y muchas plantas permanecen en reposo, nuestras plantas en maceta adquieren un protagonismo especial —o al menos así es como yo lo vivo—. Las tengo cerca, al alcance de mi mirada, acompañándome en el día a día y ofreciéndome un refugio cálido durante estos meses fríos, que para mí son especialmente duros por mi condición de enfermedad de Raynaud, de la que os hablé en el artículo Redescubrir el tacto….

Precisamente por esa cercanía, las plantas en maceta se convierten en aliadas perfectas para cultivar gratitud y compasión: hacia la vida, hacia el ritmo del invierno y también hacia mí misma, en este pequeño recogimiento que necesito realizar. Porque sí, aunque sea ‘Eva HappyVerde’, necesito momentos de aislamiento e introspección.

Cuidar una planta en maceta en esta época del año nos entrena en una forma de atención muy concreta: mirar sin exigir, sostener sin forzar y acompañar procesos lentos, pues no esperamos flores inmediatas ni crecimientos espectaculares hasta la primavera. Y en ese gesto sencillo no solo aparece la paciencia, sino también la compasión: esa capacidad de estar presentes con lo que hay, aceptarlo sin juicio y permitirnos tratarnos con más amabilidad.

Comenzar el año desde la gratitud no implica negar las dificultades ni forzarnos a sentirnos bien. Todos sabemos muy bien que ‘la vida no es un camino de rosas’. Sencillamente implica orientar la mirada hacia las pequeñas cosas bonitas que nos ofrece la vida, reconocer lo que ya está y agradecer que la vida siga latiendo incluso en los momentos más difíciles. Las plantas en maceta nos lo muestran cada día: no necesitan mucho para acompañarnos, solo atención, cuidado y constancia. 

Mirarlas con una mirada llena de gratitud —por su presencia, su belleza y cómo nos conectan a la naturaleza— es también una forma de reconocer cuánta belleza hay en el mundo. Y esto nos recuerda que, incluso en invierno, el acto de estar vivos es todo un milagro.

La Gratitud como Práctica que se Cultiva

A menudo hablamos de la gratitud como si fuera una cualidad innata: algo que se tiene o no se tiene. Sin embargo, la gratitud rara vez aparece de forma espontánea. Es una práctica viva que se entrena, se cuida y se fortalece con el tiempo, igual que hacemos con una planta en maceta. 

Del mismo modo que una planta en casa necesita de nuestros cuidados, la gratitud tampoco florece sin un mínimo de atención y dedicación.

De aquí que cultivar gratitud se parezca mucho a cuidar una planta: no se trata de grandes gestos, sino de pequeños actos repetidos en el tiempo. Regar con atención, retirar una hoja seca, observar su evolución y detectar si muestra alguna carencia nutricional o un nuevo indicio de enfermedad. O, simplemente, detenernos a apreciar cada nuevo brote que emerge 

Nuestras plantas no siempre responden como esperamos, regalándonos hojas o flores perfectas. Pero sí nos ofrecen una presencia serena que acompaña y que, al menos a mí, me reconforta. Aprender a valorar esa constancia forma parte, también, del entrenamiento de la gratitud.

Esta manera de cuidar y observar nos ayuda, además, a establecer una relación de reciprocidad. Este sentimiento es especialmente importante en personas pertenecientes a colectivos vulnerables —personas mayores, personas con diversidad funcional o con algún problema de salud física y/o mental—, ya que les permite salir del rol pasivo de “ser cuidados” y recuperar un lugar activo y significativo en su día a día.

Por eso, al igual que en la jardinería, cuando cultivamos gratitud no buscamos resultados inmediatos. Buscamos relación, presencia y cuidado. Y es en ese proceso sostenido donde la gratitud va echando raíces. 

En este sentido, la jardinería terapéutica en macetas ofrece un contexto privilegiado para entrenar esta práctica. Las plantas han sido sacadas de su hábitat natural, sus raíces están limitadas por la maceta y dependen completamente de nuestros cuidados, lo que nos invita a una atención más consciente y responsable. Ellas, a cambio, nos ofrecen toda su belleza y compañía.

Antes de terminar este capítulo, quiero compartir una confesión personal: una de mis formas más profundas de entrenar la gratitud es disfrutar de la compañía silenciosa que me ofrecen mis plantas, especialmente aquellas que mi madre u otra persona querida me ha regalado, o que proceden de algunas de las suyas. 

En ese cuidado cotidiano también se tejen memoria, vínculo y agradecimiento. Y, casi sin darnos cuenta, emerge una gran sonrisa.

Jardinería Plena: Agradecer como Forma de Estar en Relación con la Vida

Si en el apartado anterior hablaba de la gratitud como una práctica que se cultiva a través del cuidado, aquí quiero detenerme en algo más sutil: el agradecimiento consciente como una forma de estar en relación con la vida.

Cuando hablo de jardinería plena, no me refiero simplemente al acto de cultivar, regar o mantener plantas. Para mí, la diferencia no está tanto en lo que hago, sino en desde dónde me relaciono con las plantas. La jardinería de interior deja entonces de ser el simple cuidado de un conjunto de macetas y se transforma en el cultivo de mi propio jardín interior de bienestar.

Este jardín interior es, al mismo tiempo:

  • un espacio de presencia y atención consciente,
  • un regulador emocional natural que nos enseña a respetar los ritmos,
  • un entrenamiento cotidiano de la paciencia
  • y, sobre todo, un espejo compasivo de mis propios procesos internos, que me recuerda la importancia del autocuidado diario.

Desde esta forma de entender la jardinería, el agradecimiento consciente ocupa un lugar central. No solo cuido a mis plantas: me detengo a agradecerles su presencia, su belleza y su manera silenciosa de estar en ‘mi’ mundo. Agradezco no solo lo que me ofrecen a mí, sino también lo que aportan al entorno y a la vida en su conjunto. 

Este gesto, tan sencillo como poco habitual, me recuerda la suerte que tengo de habitar un mundo lleno de belleza, incluso en medio de la dificultad.

Así que, al igual que el año pasado os animé a empezar el nuevo año practicando un sencillo ritual de jardinería para el bienestar —para conectar más profundamente con vuestras plantas y con vosotras mismas— si te apetece, te invito a releerlo en este nuevo año que estamos iniciando os animo de corazón a probar esta nueva mirada con vuestras plantas.

Cuando dejamos de verlas como un objeto decorativo o una tarea más, y empezamos a relacionarnos con ellas como seres vivos, la experiencia cambia profundamente. Y desde esta relación basada en la atención, el respeto y la compasión, la gratitud deja de quedarse en las macetas y comienza a expandirse, de forma natural, a otras áreas de nuestra vida.

Atrévete y pruébalo. Te aseguro que pueden pasar cosas sorprendentes 🌱

Trucos Positivos de Eva HappyVerde para Cultivar y Mostrar Gratitud

Este es uno de mis apartados favoritos, porque aquí la gratitud deja de ser solo una reflexión y pasamos a la acción.

Quiero ofrecerte ideas de actividades de agradecimiento con flores y plantas en maceta: pequeños gestos, sencillos y accesibles, pero hechos con intención, que pueden transformar nuestra manera de relacionarnos con las plantas… y por supuesto, también con las personas.

 “Tirar Flores”

  • En lo cotidiano
Redescubrir el Tacto: Mindfulness y Jardinería Terapéutica con tus Plantas de Casa • Plantas para la Vida • Suculentas varias

Una práctica que realizo a menudo consiste en “tirar flores” —metafóricamente, porque anda que no me gustaría poder regalarlas de verdad— a las personas con las que interactúo en mi día a día: alabar una sonrisa, agradecer un gesto amable, apreciar un comentario bonito o reconocer una escucha sincera.

De esta forma, en contraposición a la tendencia tan habitual que tenemos como sociedad a criticar y quejarnos, entrenamos la mirada para detectar lo bonito y nos detenemos a expresarlo.

Este ejercicio educa nuestra atención y nos recuerda que la gratitud no es algo excepcional, sino una actitud que puede acompañarnos cada día. Es más, puede formar parte de nuestro autocuidado, cobrando todavía más valor cuando estamos atravesando un momento difícil.

  • A nosotras mismas mediante tarjetas de autocuidado con flores prensadas, anotando una o varias fortalezas, aspectos positivos para agradecer del día (hacia alguien, hacia la vida o hacia una misma), o simplemente palabras que nos sostengan: descanso, ternura, calma, alegría…

Actividades de Gratitud con Plantas en Maceta

Aquí te comparto algunas ideas jardineras sencillas que puedes poner en práctica en casa como práctica de autoagradecimiento —hacia ti y/o hacia tus plantas— o como gesto de gratitud hacia otras personas:

  • Regar, limpiar las hojas o trasplantar tus plantas de forma consciente, casi como si fueran caricias. Agradecerles su compañía silenciosa y ese momento de paz que te proporcionan. Después, puedes nombrar mentalmente algo por lo que también te sientas agradecida en ese momento y que desees que brote con más fuerza en el futuro.
  • Agradecer también a las plantas en reposo, reconociendo su capacidad de sostener la vida incluso en momentos más adversos, como ocurre durante los meses de invierno.
  • Preparar una maceta para regalar, no recién comprada y perfecta, sino cuidada durante un tiempo con amor para después dedicarla a una persona, a una etapa vital o a un aprendizaje importante. Lo más bonito es que se trate de una planta “hija” de alguna de las tuyas (por división, esqueje, hijuelo o semilla).

Actividades de gratitud con flores, hojas y/o semillas

  • Crear notas de gratitud con flores u hojas prensadas de tus propias plantas, o de aquellas que te hayan parecido especialmente bonitas.
  • Preparar y regalar sobres con semillas como símbolo de agradecimiento y continuidad, acompañados de una pequeña nota escrita con intención y cuidado.

Ejemplos Reales desde la Jardinería Terapéutica

Cultivar la Gratitud: Jardinería en Macetas para comenzar el año con el Corazón Abierto • Plantas para la Vida • Flores prensadas

En los espacios creados en mis talleres de jardinería terapéutica y bienestar, estos pequeños gestos cobran un sentido realmente profundo y transformador.

He visto cómo personas que apenas encontraban motivos para sentirse agradecidas por la vida comenzaban a hacerlo al adoptar otra mirada hacia su planta. Otras mostraban una ilusión inesperada al recibir una maceta preparada con cariño para alguien importante, acompañada de una nota de gratitud.
Y también he presenciado cómo una simple tarjeta con flores prensadas, señalando un gesto, una cualidad o una fortaleza, podía emocionar profundamente a quien la recibía.

Un Deseo para 2026: Cultivar Gratitud para un mundo más Amoroso

Quizás, si has llegado hasta aquí, estabas buscando un artículo más técnico de jardinería. Sin embargo, como terapeuta hortícola y desde la experiencia que he ido recogiendo a lo largo de mi práctica diaria, he sentido la necesidad de compartir este deseo sencillo, pero profundo: un mundo con más personas agradecidas, más actos de amabilidad expresada y más conciencia del amor que ya habita en lo cotidiano.

Cultivar gratitud es una forma silenciosa —y poderosa— de cuidar la vida. Y quizá, si aprendemos a agradecer más a nuestras plantas, también aprendamos a agradecer más a las personas… y a la vida misma. Podemos empezar por lo cercano: agradecer los gestos diarios que recibimos, las palabras que elegimos decir, la forma en la que miramos lo que nos rodea.¿Qué te parece? Ojalá, después de leerme, ¡te animes a practicar la gratitud como un gesto vivo y cotidiano!

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